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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2003.
01/12/2003
EOM 26 Ya está en la red el nº 26 de la revista electrónica EOM con sus habituales secciones: AguaUntar Pradesh - Texto y fotografías de Fabio Bórquez. AirePoemas de Pier Paolo Pasolini, José Luis García Herrera, Anfisa Osinnik, Javier Esteban Gayo, Sergio Borao Llop, Sergio Pravaz, Yván Silén y Lucio Zinna. TierraRelatos de Juan Diego Incardona, Paz Sanz, Ángel González, Pablo Nicotera, Heider Rojas, Betuel Bonilla Rojas y Marcos Manuel Sánchez. FuegoTextos de Manuel Garrido Palacios, Winston Morales Chavarro, Ángel González y Carlos Giménez Soria Fotografía de Fabio Bórquez
02/12/2003
Historia de zorros Wang vio dos zorros parados en las patas traseras y apoyados contra un árbol. Uno de ellos tenía una hoja de papel en la mano y se reían como compartiendo una broma. Trató de espantarlos, pero se mantuvieron firmes y él disparó contra el del papel; lo hirió en el ojo y se llevó el papel. En la posada, refirió su aventura a los otros huéspedes. Mientras estaba hablando, entró un señor que tenía un ojo lastimado. Escuchó con interés el cuento de Wang y pidió que le mostrara el papel. Wang ya iba a mostrárselo, cuando el posadero notó que el recién llegado tenía cola. ¡Es un zorro! exclamó y en el acto el señor se convirtió en un zorro y huyó. Los zorros intentaron repetidas veces recuperar el papel, que estaba cubierto de caracteres ininteligibles, pero fracasaron. Wang resolvió volver a su casa. En el camino se encontró con toda su familia que se dirigía a la capital. Declararon que él les había ordenado ese viaje, y su madre le mostró la carta en que le pedía que vendiera todas las propiedades y se juntara con él en la capital. Wang examinó la carta y vio que era una hoja en blanco. Aunque ya no tenía techo que los cobijara, Wang ordenó: Regresemos. Un día apareció un hermano menor que todos habían tenido por muerto. Preguntó por las desgracias de la familia y Wang le refirió toda la historia. Ah, dijo el hermano, cuando Wang llegó a su aventura con los zorros, ahí está la raíz de todo el mal. Wang mostró el documento. Arrancándoselo, su hermano lo guardó con apuro. Al fin he recobrado lo que buscaba, exclamó y, convirtiéndose en zorro, se fue. Niu Chiao - letrado y poeta chino, del siglo IX.
03/12/2003
Cine Cuando entran en contacto el ojo del espectador y la imagen, se produce una combustión. Al terminar la película, algunos arrojan las cenizas al mar. Otros las atesoran en una urna, para resguardarlas del olvido. El sabio escoge unas pocas y esparce el resto. Ajeno a ese trajín, el caminante aspira el humo y retoma el sendero. Sergio Borao Llop
04/12/2003
Juan José Arreola Hace dos años y un día que nos dejó Juan José Arreola, cuya característica más notable fue el arte de sorprender. Cuando uno empieza a leer un cuento de Arreola nunca sabe cuál será el devenir de las palabras, que a menudo enmascaran la trama. El guardagujas o Botella de Klein, por citar dos de los más conocidos, son la demostración palpable de la amplitud del universo fantástico del escritor mexicano. O éste... Casus conscientiae(de Cantos del mal dolor) Tu sangre derramada está clamando venganza. Pero en mi desierto ya no caben espejismos. Soy un alienado. Todo lo que me acontece ahora en la vigilia y en el sueño se resuelve y cambia de aspecto bajo la luz ambigua que esparce la lámpara en el gabinete del psicoanalista. Yo soy el verdadero asesino. El otro ya está en la cárcel y disfruta todos los honores de la justicia mientras yo naufrago en libertad. Para consolarme, el analista me cuenta viejas historias de errores judiciales. Por ejemplo, la de que Caín no es culpable. Abel murió abrumado por su complejo edípico y el supuesto homicida asumió la quijada de burro con estas enigmáticas palabras: "¿Acaso soy yo el superego de mi hermano?" Así justificó un drama primitivo de celos familiares, lleno de reminiscencias infantiles, que la biblia encubre con el simple propósito de ejercitar la perspicacia de los exploradores del inconsciente. Para ellos, todos somos abeles y caínes que en alguna forma intercambian y enmascaran su culpa. Pero yo no me doy por vencido. No puedo expiar mi pecado de omisión y llevo este remordimiento agudo y limpio como una hoja de puñal: me fue transmitido literalmente, de generación en generación, el instrumento del crimen. Y no he sido yo quien derramó tu sangre.En la imagen, Juan José Arreola visto por Carlos FuentesMás cuentos de Arreola
07/12/2003
El Quijote visto por Papini Grande es la potencia del genio aunque esté contenido en la carne de un heridor, soldado, esclavo, contable, aventurero y preso; en un Miguel poeta andante y cortesano necesitado. Así pudo engañarnos la sombra consistente de Don Quijote. Hemos creído que su vida era un engaño y que él fue el traicionado por los hombres comedores de carne, por los tiempos debilitados y por los libros imposibles. Su vida fue verdaderamente engañosa, pero el engañador, el ficticio, fue él, y los traicionados, hasta ahora, hemos sido nosotros. Miguel hace de todo para ponernos delante – marioneta larguirucha armada de hierro viejo y de obsesión – un Don Quijote enloquecido por las malas lecturas, un Don Quijote engrandecido por su sabiduría discursiva y más aún por su demencia imitadora; un Don Quijote al que los nacidos después han podido adorar, mística víctima de un cristianismo puro, armado y burlado, lleno de odio por la vida universal y eterna de los paganos bautizados, para los que la regla es verdad; la pereza, sabiduría; la comodidad, bondad; el pan y la pitanza, única esencia reconocible de los días. Todo heterodoxo de la ley vulgar se ha tenido por caballero y ha sentido sobre sus propias espaldas los palos que dieron con él en tierra. En aquella serena sabiduría antigua, en aquel vano amor por el bien, vieron casi un reflejo de Sócrates, que tuvo que morir por voluntad de los hombres, porque era mejor que todos los hombres.Comienzo de un ensayo de Giovanni Papini sobre Don Quijote, recogido en el libro Retratos. Descargar texto completoEn la imagen, Don Quijote y Sancho Panza de Pablo Picasso
08/12/2003
Las piedras me hablan de ti Camino mi ciudad, que es todas las ciudades, como una sorda búsqueda, como un inexplicable tránsito hacia otro mundo que me llama.
Camino por sus calles centenarias, por sus veredas pardas de ceniza, camino sobre las huellas que dejaron nuestros pasos en las mismas calles, en tantas calles que nos contemplaron desde el silencio antiguo de su historia.
Los vastos edificios de otro tiempo acompañan mis pasos desvelados. Los muros que perfilan mi nómada delirio me hablan de los instantes compartidos, me repiten tu nombre inolvidable.
No soy yo; son las piedras que me gritan tu nombre en cada esquina.
Sergio Borao Llop
09/12/2003
La última niebla Noche a noche oigo a lo lejos pasar todos los trenes. Veo en seguida el amanecer infiltrar, lentamente, en el cuarto, una luz sucia y triste. Oigo a las campanas del pueblo dar todas las horas, llamar a todas las misas, desde la misa de seis, adonde corren mi suegra y dos criadas viejas. Oigo el aliento acompasado de Daniel y su difícil despertar. Cuando él se incorpora en el lecho, cierro los ojos y finjo dormir. Durante el día no lloro. No puedo llorar. Escalofríos me empuñan de golpe, a cada segundo, para traspasarme de pies a cabeza con la rapidez de un relámpago. Tengo la sensación de vivir estremecida. ¡Si pudiera enfermarme de verdad! Con todas mis fuerzas anhelo que una fiebre o algún dolor muy fuerte vengan a interponerse unos días entre mi duda y yo. Y me dije: Si olvidara, si olvidara todo; mi aventura, mi amor, mi tormento. Si me resignara a vivir como antes de mi viaje a la ciudad, tal vez recobraría la paz...De La última niebla ( María Luisa Bombal ). Ella misma se nos presenta en su autobiografía. Más textos de María Luisa Bombal Otros textos sobre su obra
10/12/2003
Luigi Pirandello Creía firmemente que no se levantaría ya más de aquel sillón; creía que de un momento a otro se moriría de congoja. Pero no; al contrario, algunos días después pudo sostenerse en pie y dar algunos pasos, apoyada, por la habitación; luego, con el tiempo, pudo incluso descender la escalera y salir al aire libre del brazo de Gerlando y de la sirvienta. Finalmente, tomó la costumbre de ir, hacia la puesta de sol, hasta el borde que limitaba la finca por el sur. Desde allí se divisaba una vista magnífica sobre la playa que estaba a sus pies, y el mar abierto. Allí fue los primeros días acompañada habitualmente por Gerlando y Gesa; después, sin Gerlando; finalmente ella sola. Sentada sobre una roca, a la sombra de un olivo centenario, contemplaba toda la orilla lejana que apenas se curvaba, con pequeños golfos y salientes recortándose en el mar que cambiaba de tonalidades a los soplos del viento;De El mantón negro, cuento escrito por Luigi Pirandello , de quien se cumple hoy el aniversario de su fallecimiento en 1936.
11/12/2003
El morocho del abasto En 1890, tal día como hoy, nacía en Toulouse el que habría de ser famoso cantante Carlos GardelLe recordamos con uno de sus más famosos tangos. VolverYo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno. Son las mismas que alumbraron con sus pálidos reflejos hondas horas de dolor. Y aunque no quise el regreso, siempre se vuelve al primer amor. La quieta calle, donde un eco dijo: "Tuya es su vida, tuyo es su querer", bajo el burlón mirar de las estrellas que con indiferencia hoy me ven volver... Volver con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien... Sentir que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada errante en la sombra te busca y te nombra... Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida; tengo miedo de las noches que, pobladas de recuerdos, encadenen mi soñar... ¡Pero el viajero que huye tarde o temprano detiene su andar! Y aunque el olvido, que todo destruye, haya matado mi vieja ilusión, guardo escondida una esperanza humilde que es toda la fortuna de mi corazón.Alfredo Le Pera//Carlos Gardel
12/12/2003
Las tentaciones de Flaubert El 12 de diciembre de 1821 nació en Ruán ( Normandía) el escritor Gustave Flaubert , que es recordado sobre todo por Madame Bovary , novela que se vio favorecida por la polémica. Menos repercusión tuvieron títulos como Salambó o Las tentaciones de San Antonio , (que unos amigos -a quienes por suerte Flaubert desoyó- le aconsejaron quemar). A ese libro pertenece este texto: Apaga, la oscuridad se hace profunda. Y de pronto pasan por el aire, primero un charco de agua, luego una prostituta, después la esquina de un templo, la cara de un soldado, un carro con dos caballos blancos que se encabritan. Estas imágenes van llegando bruscamente, a sacudidas, destacándose en la noche como si fueran pinturas de color escarlata sobre madera de ébano. Su movimiento se acelera. Desfilan de manera vertiginosa. Otras veces se detienen y van empalideciendo gradualmente, terminando por diluirse. O bien se echan a volar e inmediatamente llegan otras. Antonio cierra los ojos. Las imágenes se multiplican, lo rodean, lo asedian. Un indecible espanto lo sobrecoge. Ya no siente nada, sólo una contracción que le quema el epigastrio. Pese al estrépito que hay dentro de su cabeza, percibe un enorme silencio que lo separa del mundo. Trata de hablar. ¡Imposible! Es como si todo su ser se disolviera y, sin poder aguantar más, Antonio cae sobre la estera.
13/12/2003
El paraiso sobre los tejados Será un día tranquilo, con una luz fría como el sol que levanta o que muere, y el cristal cerrará el aire sucio del cielo exterior.
Nos despertarán un día, de una vez para siempre, en la tibieza del último sueño: la sombra será tal la tibieza. Llenará la habitación, por el gran ventanal, un cielo aún más grande. Desde la escalera que se subió un día para siempre no llegarán más voces ni más rostros muertos.
No será necesario abandonar el lecho. Sólo el alba entrará en la estancia vacía. Bastará la ventana para vestirlo todo de una tranquila claridad, casi como una luz. Pondrá una sombra pálida sobre el rostro supino. Los recuerdos serán como grumos de sombra aplastados igual que vieja brasa en el camino. El recuerdo será como una llama que aun hasta ayer mordía los apagados ojos. (1940) De Lavorare stanca (Trabajar cansa) Cesare PaveseMás poemas de Pavese
14/12/2003
Vicente Aleixandre Hace 19 años, el 14 de diciembre de 1984, se apagaba en Madrid una de las mejores voces de la poesía española: Vicente Aleixandre, que siete años antes había visto recompensada su trayectoria con la concesión del premio Nobel de literatura. Rescatamos este poema, que abre su libro Espadas como labios y cuyo título es precisamente, Mi vozHe nacido una noche de verano entre dos pausas. Háblame: te escucho. He nacido. Si vieras que agonía representa la luna sin esfuerzo. He nacido. Tu nombre era la dicha. Bajo un fulgor una esperanza, un ave. Llegar, llegar. El mar era un latido, el hueco de una mano, una medalla tibia. Entonces son posibles ya las luces, las caricias, la piel, el horizonte, ese decir palabras sin sentido que ruedan como oídos, caracoles, como un lóbulo abierto que amanece (escucha, escucha) entre la luz pisada.Espadas como labios (1930-1931) Más poemas de Vicente Aleixandre
15/12/2003
Los rostros prohibidos de la música Una finísima lluvia comenzaba a empapar las aceras cuando apagué las luces y cerré la puerta de la cervecería. Echando un desesperanzado vistazo a las oscuras nubes, me apresuré a bajar la persiana metálica asegurándola con el enorme candado de seguridad. Conecté la alarma y, ajustándome con prudencia el sombrero, salvé a grandes zancadas la poca distancia que me separaba de la Avenida. Refugiado bajo un providencial toldo que algún comerciante despistado se había olvidado de levantar, oteé el horizonte iluminado en busca de algún lugar donde guarecerme hasta que pasase la tormenta.De Los rostros prohibidos de la músicaSergio Borao LlopLeer cuento completo Descargar en formato PDF
16/12/2003
Coincidencias "A la realidad le gustan las simetrías" dice Borges. Tal día como hoy, aunque con 11 años de diferencia, nacían Arthur Charles Clarke (1917; Minehead, Somerset) y Philip K. Dick (1928; Chicago). Escritores los dos, eligieron el mismo género para sus ficciones. Ambos fueron consagrados gracias al cine, o mejor dicho, a la adaptación cinematográfica de sus obras. A Clarcke le debemos 2001. Una odisea del espacio. A Dick la novela en que se inspiró Blade runner. A la vista de sus respectivas biografías, poco tuvieron en común, y quizá fueron muy distintos uno del otro. Sin embargo, a la historia tal vez le guste más recordar que una fecha, un género y la memoria de los hombres los hermanan. Libros de Arthur Charles Clarke (y otros autores). Cuentos de Dick. Novelas de Dick. Años atrás, en 1902, en idéntica fecha, en El Puerto de Santa María (Cádiz), había nacido el poeta Rafael Alberti.
17/12/2003
Memorias de una horca De un modo sobrenatural llegó a mí la noticia de la existencia de este papel, donde una pobre horca podrida y negra relataba algunas cosas de su historia. Esta horca procuraba escribir sus trágicas Memorias. Debían ser profundos testimonios sobre la vida. Como árbol, nadie conocía tan bien el misterio de la Naturaleza; como horca, nadie conocía mejor al hombre. Nadie puede ser tan espontáneo y genuino como el hombre que se retuerce al extremo de una cuerda, ¡a no ser ese otro que se le sube a los hombros! Por desgracia, la pobre horca se pudrió y murió. Entre los apuntes que dejó, los menos completos son estos que transcribo, resumen de sus dolores, vaga apariencia de gritos instintivos. ¡Si ella hubiera podido escribir su vida compleja, llena de sangre y de tristezas! Es hora de que sepamos, por fin, cual es la opinión que la vasta Naturaleza, montes, árboles y aguas, tiene del hombre imperceptible. Tal vez este sentimiento me lleve algún día a publicar papeles que guardo avaramente y que son las Memorias de un átomo y las Notas de viaje de una raíz de ciprés.De Memorias de una horca José María Eça de Queiroz (1845-1900) Cuento completo
18/12/2003
Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío: claridad absoluta, transparencia redonda, limpidez cuya entraña, como el fondo del río, con el tiempo se afirma, con la sangre se ahonda.
¿Qué lucientes materias duraderas te han hecho, corazón de alborada, carnación matutina?. Yo no quiero más día que el que exhala tu pecho, tu sangre es la mañana que jamás se termina.
No hay más luz que tu cuerpo, no hay más sol: todo ocaso. Yo no veo las cosas a otra luz que tu frente. La otra luz es fantasma, nada más, de tu paso. Tu insondable mirada nunca gira al poniente.
Claridad sin posible declinar: suma esencia del fulgor que ni cede ni abandona la cumbre. Juventud, limpidez, claridad. Transparencia acercando los astros más lejanos de lumbre...
Yo no quiero más luz que tu sombra dorada donde brotan anillos de una hierba sombría. En mi sangre fielmente por tu cuerpo abrazada, para siempre es de noche, para siempre es de día.Miguel Hernández
19/12/2003
Indeterminación La noticia de que los físicos habían descubierto un misterioso principio de indeterminación fue recibida alegremente por ciertas escuelas teológicas y filosóficas, creyéndose que la propia ciencia proclamaba su bancarrota y que el libre-albedrismo tomaba nueva fuerza. Ignoro por qué razón el hecho de que el hombre pueda tener libre albedrío y ser responsable de todas las tonterías que comete constituye un motivo de satisfacción para muchos filósofos. Pero dejando de lado esta cuestión, creo que la alegría es precipitada, ya que ni los propios hombres de ciencia han logrado ponerse de acuerdo, todavía, sobre el contenido y el nombre del principio: los que proponen denominarlo Principio de Indeterminación creen que es la exteriorización de una indeterminación esencial de la Naturaleza; los otros opinan que debe interpretarse como una fórmula taxativa, quizá como una medida de impotencia humana o actual de alcanzar el mundo físico, y por eso proponen que se denomine Principio de Incerteza. Los malentendidos a que ha dado origen se deben a que deriva de la hipótesis cuántica, que tiene la desgracia de ser oscura cuando es rigurosa y de ser totalmente falsa cuando todo el mundo la comprende.Uno y el universo Ernesto SabatoImagen: Arje 8 de Aguileraprocedente de El Pórtico
20/12/2003
Aquel reino Yo jugaba detrás de una cerca. Yo tenía un caballo en aquel reino y también una espada. Yo poseía toda la vastedad del prado hasta el campo de arriba hasta el palacio de fantasía y ramas y tú que eras la reina me concedías todo aquel dominio me amparabas venías a buscarme a la hora del pan con chocolate o cuando oscurecía. Nunca más he sentido el orgullo del poder como allí lo sentía porque aquél era un feudo tan bello como el aire como una flor de otoño y sus fronteras tú me las señalabas con la voz con el gesto de tus brazos tendidos cuando yo regresaba.De A veces gran amor José Agustín GoytisoloMás poemas de José Agustín Goytisolo
21/12/2003
Las dos colas, o el filósofo ecléctico Cuenta la leyenda que en el populoso mercado de una antigua ciudad se paseaba todas las mañanas un filósofo ecléctico, célebre observador de la Naturaleza, a quien muchos se acercaban para exponerle los más peregrinos conflictos y dudas. Cierta vez que un Perro daba vueltas sobre sí mismo mordiéndose la cola ante la risa de los niños que lo rodeaban, varios preocupados mercaderes preguntaron al filósofo a qué podía obedecer todo aquel movimiento, y que si no sería algún funesto presagio. El filósofo les explicó que al morderse la cola el Perro trataba tan sólo de quitarse las pulgas. Con esto, la curiosidad general quedó satisfecha y la gente se retiró tranquila. En otra ocasión, un domador de Serpientes exhibía varias en un canasto, entre las cuales una se mordía la cola, lo que provocaba la seriedad de los niños y las risas de los adultos. Cuando los niños preguntaron al filósofo a qué podía deberse aquello, él les respondió que la Serpiente que se muerde la cola representa el Infinito y el Eterno Retorno de personas, hechos y cosas, y que esto quieren decir las Serpientes cuando se muerden la cola. También en esta oportunidad la gente se retiró satisfecha e igualmente tranquila.De La Oveja negra y demás fábulas Augusto Monterroso, que nació un día como hoy en 1921, en Tegucigalpa. Más cuentos de Augusto Monterroso
22/12/2003
Bécquer ¿De dónde vengo...? El más horrible y áspero de los senderos busca, las huellas de unos pies ensangrentados sobre la roca dura, los despojos de un alma hecha jirones en las zarzas agudas, te dirán el camino que conduce a mi cuna.
¿Adónde voy? El mas sombrío y triste de los páramos cruza, valle de eternas nieves y de eternas melancólicas brumas. En donde esté una piedra solitaria sin inscripción alguna, donde habite el olvido, allí estará mi tumba.Gustavo Adolfo Bécquerque falleció el 22 de diciembre de 1870
24/12/2003
"De la musique avant toute chose" Íbamos en el tren, y una señora vestida de amarillo, como una gallina amarilla, cayó entre las dos filas de asientos, que se cambiaron repentinamente en una especie de platea, disgustada y espantada. Algunos abandonaron el teatro. Yo, como hipnotizado por la agonía, me puse a observar ese pecho que subía y bajaba, y la cara que el espasmo y el ahogo transformaban en un carnaval de caretas sucesivas cada vez más trágicas. Poco tiempo después vinieron algunos, tomaron el pulso, auscultaron y se fueron a pedir socorro. Pero yo vi que el labio superior se replegaba en una mueca y se levantaba como la tapa de un piano de juguete. Los dientes blancos, cuadrados, fuertes, y uno que otro negro alternando. Puse mis dedos en ellos y como nada resonara, ni en la laringe ni en el vientre: "Está muerta" dije.De La muerte y su traje Santiago Dabove
25/12/2003
Luna La luna con su eterna tristeza de único testigo contempla el mar. El hombre a la orilla parado de ese mar en tinieblas medita y calla; sueña ciudades sumergidas en las profundidades. (Apócrifos recuerdos recobrados de pronto) La quietud de las olas delata tempestades que han de llegar. La calma, el silencio del viento, presagian oceánicas batallas que han de inquietar el pecho del viajero, llagando con sus fieras marejadas el alma de la noche adormecida. Después la mañana, el hombre a la orilla parado de esas olas en calma recordando ciudades sumergidas más allá del olvido. Sergio Borao Llopnacido un día como hoy.
26/12/2003
Alejo Carpentier El rastro moría al pie de un árbol. Cierto era que había un fuerte olor a negro en el aire, cada vez que la brisa levantaba las moscas que trabajaban en oquedades de frutas podridas. Pero el perro -nunca lo habían llamado sino Perro- estaba cansado. Se revolcó entre las yerbas para desrizarse el lomo y aflojar los músculos. Muy lejos, los gritos de los de la cuadrilla se perdían en el atardecer. Seguía oliendo a negro. Tal vez el cimarrón estaba escondido arriba, en alguna parte, a horcajadas sobre una rama, escuchando con los ojos. Sin embargo, Perro no pensaba ya en la batida. Había otro olor ahí, en la tierra vestida de bejuqueras que un próximo roce borraría tal vez para siempre. Olor a hembra. Olor que Perro se prendía del lomo, retorciéndose patas arriba, riendo por el colmillo, para llevarlo encima y poder alargar una lengua demasiado corta hacia el hueco que separaba sus omóplatos.Inicio del cuento Los fugitivosde Alejo Carpentier nacido el 26 de diciembre de 1904 en La HabanaOtros cuentos de Alejo Carpentier: Viaje a la semilla El camino de Santiago Semejante a la noche
27/12/2003
Un abate francés del siglo XVIII La Historia universal de la infamia de Jorge Luis Borges se inspiró parcialmente en Vidas imaginarias de Marcel Schwob y en Retratos reales e imaginarios de Alfonso Reyes, libro al que pertenece el siguiente fragmento: Hay dos Anacarsis célebres en la historia de las letras: El primero es aquel filósofo escita cuyas aventuras de paleto intelectual en la antigua Atenas nos cuenta Diógenes Laercio y que se sorprendía mucho de ver cómo los griegos, teniendo leyes contra los injuriadores, honraban a los atletas que se hieren y matan; al aceite llamaba "medicamento de frenesí, pues, ungidos con él, los atletas se enfurecen más unos con otros"; y cuando veía a los griegos hacer carbón, se admiraba de que aquel pueblo se dejara el fuego en el monte y trajera el residuo a casa. Pero de este Anacarsis podemos prescindir por ahora. El segundo -acaso más célebre, y seguramente inspirado en el primero- es aquel cuyos viajes alimentaron la infancia del desventurado "Char Bovary" de Flaubert. El Voyage du Jeune Anacharsis -que ya Flaubert considera con sorna- es hoy libro poco leído; pero allá en sus tiempos (1788), como respondía con notable oportunidad a las inclinaciones del gusto público, pudo ser lectura muy apreciada. Acaso Joubert tiene razón: el Anacarsis no es un libro bello, pero da la idea de un libro bello. Enciclopedia amena de la civilización antigua, el Anacarsis es la obra de un sabio que no estaba reñido con las Gracias ligeras, y que consideraba todavía el escribir de una manera amable y discreta, cuando menos, como un deber mínimo de urbanidad por parte del escritor.De Un abate francés del siglo XVIII del libro Retratos reales e imaginarios de Alfonso Reyes, que murió el 27 de diciembre de 1959 en la Ciudad de México. Poemas de Alfonso ReyesMás poemas de Alfonso Reyes
28/12/2003
Cantamos Cantamos porque la vida lo precisa. Porque al mágico influjo de la música las piedras del camino devienen girasoles, porque al cantar se cauterizan las heridas y nace entre las manos una espiga que eleva su estatura hacia el sonido que fluye interminable, que germina y se expande como un polen de promesas por la extensión sin límite del cielo. Cantamos porque el canto es necesario. Porque en alguna parte, alguien que sufre, necesita los versos, las notas que tañemos, los acordes que inventa nuestra lira. (Pésimo conversador es el silencio, hay que romper su círculo encantado y lanzar hacia el viento las palabras como un cauce perpetuo que no tiembla ante el rugido atronador de sus sicarios) Cantamos nuestra dicha y nuestra pena, el pan que nuestras bocas alimenta y el vino que nos roba la consciencia. El canto es una lucha que no ceja, una herramienta contra las cadenas, un estandarte imprescindible, una luz plena que no apagan las noches de derrota ni el severo fluir de lágrimas doradas. Mi canto es una bandera de horizontes, una hoguera de manos enlazadas, un coro de palomas que despiertan. Sergio Borao LlopPoema publicado originalmente en la web www.poesi.as y traducido al inglés en la revista Niederngasse.
29/12/2003
Rilke El poetaDe mí te alejas, hora. El batir de tus alas me hace heridas. Solitario: ¿qué puede hacer mi boca con mi noche y mi día?
No tengo amada, ni casa, ni sitio donde poder vivir. Todas las cosas a las que me entrego se hacen ricas y a mí me dejan pobre.Nuevos poemas (1907) Rainer Maria Rilkeque murió el 29 de diciembre de 1926 en Valmont (Suiza). Versión de Jaime Ferreiro Alemparte. Caricatura de E. Orlik Textos de Rilke y comentarios a su obra
30/12/2003
Rudyard Kipling Rudyard Kipling , nacido en Bombay (India) el 30 de diciembre de 1865, es conocido, sobre todo, por The Jungle Book, novela que ha sido llevada al cine en varias ocasiones y con desigual fortuna; pero en su vasta y variopinta producción literaria también hubo lugar para historias que dejan un poso de intranquilidad en quien las lee. Este es el inicio de una de ellas, quizá la más inquietante. Ellos Un paisaje me llevaba a otro; la cima de una colina, a otra cercana, en la mitad del condado, y ya que mi respuesta no podía ser más que la de mover una palanca, dejé que el condado fluyera bajo mis ruedas. Las llanuras salpicadas de orquídeas, en el este, dejaron paso al tomillo, a los acebos y a las hierbas grisaceas de los montes Downs; todo eso, a su vez cedió su lugar a los trigales feraces y a las higueras de la costa baja, donde se lleva el latido de la marea a la izquierda, a lo largo de quince millas de llano, y cuando por fin giré tierra adentro, a través de un racimo de colinas redondeadas y de bosques, me había liberado a mí mismo de mis fronteras conocidas. Más allá de la mismísima aldea que se eleva como madrina de la capital de los Estados Unidos, encontré villorrios escondidos donde las abejas, las únicas cosas despiertas, zumbaban en tilos de ochenta pies de altura que sombreaban grises iglesias normandas; arroyuelos milagrosos corrían bajo puentes de piedra construidos para soportar un tránsito más pesado que el que alguna vez volvería a hollarlos; graneros para almacenar los diezmos más grandes que las iglesias, surgían junto a una vieja herrería que proclamaba a gritos haber sido una vez la sala de reuniones de los Caballeros del Temple. Encontré gitanos en una propiedad común donde la aulaga, el helecho y el brezo decidían su predominio en una batalla de más de una milla romana de carretera; y algo más allá molesté a un zorro rojo que avanzaba con aires de perro bajo la luz desnuda del sol.
31/12/2003
Anaconda Cuando Anaconda, en complicidad con los elementos nativos del trópico, meditó y planeó la reconquista del río, acababa de cumplir treinta años. Era entonces una joven serpiente de diez metros, en la plenitud de su vigor. No había en su vasto campo de caza, tigre o ciervo capaz de sobrellevar con aliento un abrazo suyo. Bajo la contracción de sus músculos toda vida se escurría, adelgazada hasta la muerte. Ante el balanceo de las pajas que delataban el paso de la gran boa con hambre, el juncal, todo alrededor, empenachábase de altas orejas aterradas. Y cuando al caer el crepúsculo en las horas mansas, Anaconda bañaba en el río de fuego sus diez metros de oscuro terciopelo, el silencio circundábala como un halo. Pero no siempre la presencia de Anaconda desalojaba ante sí la vida, como un gas mortífero. Su expresión y movimientos de paz, insensibles para el hombre, denunciábanla desde lejos a los animales.De Anaconda, del escritor uruguayo Horacio Quiroga nacido el 31 de diciembre de 1878 en Salto. Cuento completoCuentos de la selvaCaricatura de Horacio Quiroga, publicada en La Nación el 15/01/1922
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