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Friedrich Schiller

Friedrich Schiller La Condesa.- ¿Tan fielmente recuerdas hasta los más pequeños favores, y hasta tal punto olvidas las ofensas? ¿He de refrescar tu memoria, contándote cómo pagaron tus buenos servicios en Ratisbona? Te enajenaste las simpatías de todas las clases del Imperio, y, por engrandecerlo, cargaste con el odio y la maldición de todos. No tenías un solo amigo en toda Alemania por servir con fidelidad al Emperador. En la tempestad, que se suscitó entonces en Ratisbona, solo tú no le desamparaste... ¡y él te dejó sucumbir! ¡Te ofreció en sacrificio al orgulloso Bávaro! No digas que, al devolverte tu dignidad, borró su primera y grave injusticia. No fue esto obra de su benevolencia, que la implacable necesidad te colocó en el puesto que de buen grado se rehusara.
Wallenstein.- Verdad es que no debo mi mando ni a su benevolencia, ni a su afecto. Si abuso, mi abuso no es de confianza.
La Condesa.- ¿Afecto, confianza? ¡Tenían necesidad de ti! La necesidad, ese tirano exigente, que no se contenta con palabras huecas, ni con farsantes, que quiere obras, no apariencias, busca siempre el más grande y el mejor para confiarle el timón de la nave, aunque haya de elegirlo del populacho... Esa te confió este cargo. Y extendió por escrito tu nombramiento, puesto que largo tiempo, tan largo tiempo como le fue posible, se sirvió esa raza de almas de esclavos venales y de máquinas llenas de artificios... Pero cuando las cosas llegan al extremo, y es inútil la farsa, todo cae en las robustas manos de la naturaleza y de estos gigantes de la inteligencia, que sólo a sí mismos obedecen, que con nada transigen, y no admiten más imposiciones que las suyas, jamás las ajenas.


Fragmento de la obra La muerte de Wallenstein , de Friedrich Schiller , fallecido el 9 de mayo de 1805.
El 9 de mayo de 1923 nacía Carlos Bousoño
El 9 de mayo de 1938 nacía Charles Simic
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