Blogia

Al_andar

Las piedras me hablan de ti

Las piedras me hablan de ti

Camino mi ciudad, que es todas las ciudades,
como una sorda búsqueda, como un inexplicable
tránsito hacia otro mundo que me llama.

Camino por sus calles centenarias,
por sus veredas pardas de ceniza,
camino sobre las huellas que dejaron
nuestros pasos en las mismas calles,
en tantas calles que nos contemplaron
desde el silencio antiguo de su historia.

Los vastos edificios de otro tiempo
acompañan mis pasos desvelados.
Los muros que perfilan mi nómada delirio
me hablan de los instantes compartidos,
me repiten tu nombre inolvidable.

No soy yo; son las piedras
que me gritan tu nombre en cada esquina.

Sergio Borao Llop

El Quijote visto por Papini

El Quijote visto por Papini

Grande es la potencia del genio aunque esté contenido en la carne de un heridor, soldado, esclavo, contable, aventurero y preso; en un Miguel poeta andante y cortesano necesitado.
Así pudo engañarnos la sombra consistente de Don Quijote. Hemos creído que su vida era un engaño y que él fue el traicionado por los hombres comedores de carne, por los tiempos debilitados y por los libros imposibles. Su vida fue verdaderamente engañosa, pero el engañador, el ficticio, fue él, y los traicionados, hasta ahora, hemos sido nosotros.
Miguel hace de todo para ponernos delante – marioneta larguirucha armada de hierro viejo y de obsesión – un Don Quijote enloquecido por las malas lecturas, un Don Quijote engrandecido por su sabiduría discursiva y más aún por su demencia imitadora; un Don Quijote al que los nacidos después han podido adorar, mística víctima de un cristianismo puro, armado y burlado, lleno de odio por la vida universal y eterna de los paganos bautizados, para los que la regla es verdad; la pereza, sabiduría; la comodidad, bondad; el pan y la pitanza, única esencia reconocible de los días. Todo heterodoxo de la ley vulgar se ha tenido por caballero y ha sentido sobre sus propias espaldas los palos que dieron con él en tierra. En aquella serena sabiduría antigua, en aquel vano amor por el bien, vieron casi un reflejo de Sócrates, que tuvo que morir por voluntad de los hombres, porque era mejor que todos los hombres.


Comienzo de un ensayo de Giovanni Papini sobre Don Quijote, recogido en el libro Retratos.
Descargar texto completo

En la imagen, Don Quijote y Sancho Panza de Pablo Picasso

Juan José Arreola

Juan José Arreola

Hace dos años y un día que nos dejó Juan José Arreola, cuya característica más notable fue el arte de sorprender. Cuando uno empieza a leer un cuento de Arreola nunca sabe cuál será el devenir de las palabras, que a menudo enmascaran la trama.
El guardagujas o Botella de Klein, por citar dos de los más conocidos, son la demostración palpable de la amplitud del universo fantástico del escritor mexicano. O éste...

Casus conscientiae
(de Cantos del mal dolor)

Tu sangre derramada está clamando venganza. Pero en mi desierto ya no caben espejismos. Soy un alienado. Todo lo que me acontece ahora en la vigilia y en el sueño se resuelve y cambia de aspecto bajo la luz ambigua que esparce la lámpara en el gabinete del psicoanalista.
Yo soy el verdadero asesino. El otro ya está en la cárcel y disfruta todos los honores de la justicia mientras yo naufrago en libertad.
Para consolarme, el analista me cuenta viejas historias de errores judiciales. Por ejemplo, la de que Caín no es culpable. Abel murió abrumado por su complejo edípico y el supuesto homicida asumió la quijada de burro con estas enigmáticas palabras: "¿Acaso soy yo el superego de mi hermano?" Así justificó un drama primitivo de celos familiares, lleno de reminiscencias infantiles, que la biblia encubre con el simple propósito de ejercitar la perspicacia de los exploradores del inconsciente. Para ellos, todos somos abeles y caínes que en alguna forma intercambian y enmascaran su culpa.
Pero yo no me doy por vencido. No puedo expiar mi pecado de omisión y llevo este remordimiento agudo y limpio como una hoja de puñal: me fue transmitido literalmente, de generación en generación, el instrumento del crimen. Y no he sido yo quien derramó tu sangre.


En la imagen, Juan José Arreola visto por Carlos Fuentes
Más cuentos de Arreola

Cine

Cine

Cuando entran en contacto el ojo del espectador
y la imagen, se produce una combustión.
Al terminar la película,
algunos arrojan las cenizas al mar.
Otros las atesoran en una urna,
para resguardarlas del olvido.
El sabio escoge unas pocas y esparce el resto.
Ajeno a ese trajín, el caminante aspira el humo
y retoma el sendero.

Sergio Borao Llop

Historia de zorros

Historia de zorros

Wang vio dos zorros parados en las patas traseras y apoyados contra un árbol. Uno de ellos tenía una hoja de papel en la mano y se reían como compartiendo una broma.
Trató de espantarlos, pero se mantuvieron firmes y él disparó contra el del papel; lo hirió en el ojo y se llevó el papel. En la posada, refirió su aventura a los otros huéspedes. Mientras estaba hablando, entró un señor que tenía un ojo lastimado. Escuchó con interés el cuento de Wang y pidió que le mostrara el papel. Wang ya iba a mostrárselo, cuando el posadero notó que el recién llegado tenía cola. ¡Es un zorro! exclamó y en el acto el señor se convirtió en un zorro y huyó.
Los zorros intentaron repetidas veces recuperar el papel, que estaba cubierto de caracteres ininteligibles, pero fracasaron. Wang resolvió volver a su casa. En el camino se encontró con toda su familia que se dirigía a la capital. Declararon que él les había ordenado ese viaje, y su madre le mostró la carta en que le pedía que vendiera todas las propiedades y se juntara con él en la capital. Wang examinó la carta y vio que era una hoja en blanco. Aunque ya no tenía techo que los cobijara, Wang ordenó: Regresemos.
Un día apareció un hermano menor que todos habían tenido por muerto. Preguntó por las desgracias de la familia y Wang le refirió toda la historia. Ah, dijo el hermano, cuando Wang llegó a su aventura con los zorros, ahí está la raíz de todo el mal. Wang mostró el documento. Arrancándoselo, su hermano lo guardó con apuro. Al fin he recobrado lo que buscaba, exclamó y, convirtiéndose en zorro, se fue.

Niu Chiao - letrado y poeta chino, del siglo IX.

EOM 26

EOM 26

Ya está en la red el nº 26 de la revista electrónica EOM con sus habituales secciones:
Agua
Untar Pradesh - Texto y fotografías de Fabio Bórquez.
Aire
Poemas de Pier Paolo Pasolini, José Luis García Herrera, Anfisa Osinnik, Javier Esteban Gayo, Sergio Borao Llop, Sergio Pravaz, Yván Silén y Lucio Zinna.
Tierra
Relatos de Juan Diego Incardona, Paz Sanz, Ángel González, Pablo Nicotera, Heider Rojas, Betuel Bonilla Rojas y Marcos Manuel Sánchez.
Fuego
Textos de Manuel Garrido Palacios, Winston Morales Chavarro, Ángel González y Carlos Giménez Soria

Fotografía de Fabio Bórquez

De Profundis

De Profundis

Después de una larga e infructuosa espera, me he decidido a escribirte, y ello tanto en tu interés como en el mío, pues me repugna pensar que he pasado en la cárcel dos años interminables sin haber recibido de ti una sola línea, una noticia cualquiera: que nada he sabido de ti, fuera de aquello que había de serme doloroso.
Nuestra trágica amistad, en extremo lamentable, ha terminado para mí de un modo funesto, y para ti con escándalo público. Empero, el recuerdo de nuestra antigua amistad me abandona raramente, y siento honda tristeza al pensar que mi corazón, antes henchido de amor, está ya para siempre lleno de maldiciones, amargura y desprecio.


Así comienza De profundis o La tragedia de mi vida, la obra final del escritor dublinés Oscar Wilde que murió el 30 de noviembre de 1900, solo y mísero, en el Hôtel d´ Alsace, en París, abandonado y olvidado de los hombres. Borges lo ha definido como un homo ludens

En la imagen, retrato de Oscar Wilde,
realizado por Henri de Toulouse-Lautrec

Felicidades, Silvio

Felicidades, Silvio

Silvio Rodríguez, el cantautor cubano que hoy cumple 57 años y que ha editado en estos días un nuevo disco titulado Cita con ángeles
Para recordarle, y como homenaje, vaya este
El tiempo esta a favor de los pequeños

El tiempo esta a favor de los pequeños
de los desnudos, de los olvidados
el tiempo esta a favor de buenos sueños
y se pronuncia a golpes apurados
El Salvador y el tiempo, la suma del coraje.
Se han convertido en el sol violento
y han emprendido claro viaje.

La noche se enriquece de secretos
la oscuridad del mundo es compañera
preparadora del duro esqueleto
que deberá nacer del alba nueva
las sombras de las calles
son cómplices del día.

Y por la loma y por el valle
viene quemando la alegría

Y Roque y los demás están atentos
con absorta pupila de lo eterno
dando voces de amor a cuatro vientos
y apurando las ruinas del infierno
El Salvador desborda
las cúspides del mundo.

Y colosal se eleva y borda
con mil estrellas Farabundo

Tomado de Silvio Rodríguez

Pirenaica

Pirenaica

Senderos perfilados de hierba irreductible
que atravesando selvas y planicies,
bordeando las crestas y las nieves,
serpenteando entre rotundas peñas,
conducen sin remedio hacia la aurora.

¡Arriba, siempre hacia lo alto!

Tus senderos cubiertos de maleza
me llevan, me secuestran, me someten,
y mis pies se deslizan,
inevitablemente,
hacia las cumbres poderosas,
hacia la soledad de los ibones.

Sergio Borao Llop

Más textos de Sergio Borao Llop

José Asunción Silva

José Asunción Silva

CREPÚSCULO

Es la hora de misterio en que el labriego
al resonar del Ángelus el toque
adiós que dice al moribundo día,
la campanada bronca,
en su casita blanca, a lento paso
humilde se recoge.
Es la hora en que las nubes del poniente
de fuego orlan las tardes,
en que el sol de los muertos ilumina
los prados y los bosques,
y el ángel de la tarde a Dios conduce
las mudas oraciones,
es la hora en que levantan de los lagos
las nieblas sin colores,
como del fondo oscuro del espíritu
los coros de visiones
en que es feéricos cuentos invocados
o en relatos informes
tornan a las estancias de los niños
los duendes protectores,
es la hora de dulcísima armonía
y de místicas voces,
en que al través de nieblas y de brumas,
ansiosa el alma torna
a los felices días de la infancia
que pasaron veloces,
es la hora en que la brisa entre los árboles
tiene vagos rumores,
es la hora en que la vida se adormece
al beso de la noche.


de José Asunción Silva (27/11/1865 -- 23 o 24/05/1896)
Más poemas de este autor
Retrato: Oleo de Luis Núñez Borda

El verso que viene. Siglo XXI

El verso que viene. Siglo XXI

Luis Miguel García de Amézaga (Mickel)
nos cuenta que ha sido actualizada la web
El verso que viene. Siglo XXI.
En la sección El Verso abriéndose las carnes se incluyen poemas de Maialen, Marcos Vieytes, Long-Ohni, Yván Silén, Olga Muñoz, Mario Meléndez, David Carretero, Raúl Xim y Graciela Wencelblat.
También cuentan con interesantes novedades las otras secciones habituales: Poetas colaboradores, Libros y Lecturas, Literatura y Revistas o Variedades.

Eça de Queiroz

Eça de Queiroz

El cine ha hecho que El crimen del padre Amaro sea hoy la más famosa creación del escritor portugués José María Eça de Queiroz que vino al mundo un 25 de noviembre de 1845 en Póvoa de Varzim.
Tal vez mayor repercusión tuvo en su tiempo El primo Basilio, aunque no hay que olvidar dos auténticas joyas como El Mandarín o La ciudad y las sierras, novela en la que el autor redescubre el amor por la naturaleza en contraposición con la exuberancia y banalidad de la vida en la ciudad, que aquí está representada por la ciudad de todas las ciudades: París.
He aquí un breve fragmento:
En la ciudad (como hizo notar Jacinto) no se contemplan, ni se recuerdan los astros, porque los gases y los globos eléctricos los escamotean. Por eso (como yo advertí) nunca se entra en aquella comunión con el universo, que es la única gloria y el único consuelo de la vida. Pero en la sierra, sin disformes edificios de seis pisos, y sin cuidados que puncen, como las hojas de la chumbera, haciéndonos mirar al suelo, un Jacinto, un Fernández, libres, bien comidos, fumando desde los bancos de una ventana, pueden contemplar los astros y los astros contemplarles a ellos. Unos, ciertamente, con ojos de sublime inmovilidad y de sublime indiferencia, pero otros curiosamente, ansiosamente, con una luz que diríais que hace guiños, que llama, como si quisieran desde tan lejos revelar sus secretos o comprender los nuestros...

En la imagen, ilustración de Belmonte.

El chulla Romero y Flores

El chulla Romero y Flores

El estupor petrificó al mozo en tímida posición uterina. Con vuelo alocado, brujo, una mancha redonda de luz rubricó en la página enlutada del patio, recorrió inquieta las paredes, hurgó por los rincones, saltó al tejado para caer con mano de arpista sobre las cuerdas mudas de la baranda del otro lado del corredor -hacia la derecha, hacia la izquierda- se metió cautelosamente... inmóvil, con la luz a los talones, Romero y Flores se sintió perdido... Tenía que hacer algo. ¿Qué? No era un sueño. Con violencia impuesta por la desesperación se estiró como pudo y lanzó hacia el punto luminoso su única arma, la piedra. De nuevo se hizo la oscuridad. El orgullo con el cual se infló momentáneamente por haber dado en el blanco le retuvo por breves segundos. Segundos fatales a la posible fuga. Entre maldiciones y palabrotas, sonó un disparo.

Fragmento de El Chulla Romero y Flores
del escritor ecuatoriano Jorge Icaza ,
autor de Huasipungo

Luvina

Luvina

De los cerros altos del sur, el de Luvina es el más alto y el más pedregoso. Está plagado de esa piedra gris con la que hacen la cal, pero en Luvina no hacen cal con ella ni le sacan ningún provecho. Allí la llaman piedra cruda, y la loma que sube hacia Luvina la nombran Cuesta de la Piedra Cruda. El aire y el sol se han encargado de desmenuzarla, de modo de que la tierra de por allí es blanca y brillante como si estuviera rociada siempre por el rocío del amanecer; aunque esto es un puro decir,porque en Luvina los días son tan fríos como las noches y el rocío se cuaja en el cielo antes que llegue a caer sobre la tierra.
...Y la tierra es empinada. Se desgaja por todos lados en barrancas hondas, de un fondo que se pierde tan lejano. Dicen los de Luvina que de aquellas barrancas suben los sueños; pero yo lo único que vi subir fue el viento, en tremolina, como si allá abajo lo hubieran encañonado en tubos de carrizo. Un viento que no deja crecer ni a las dulcamaras: esas plantitas tristes que apenas si pueden vivir un poco untadas en la tierra, agarradas con todas sus manos al despeñadero de los montes. Sólo a veces, allí donde hay un poco de sombra, escondido entre las piedras, florece el chicalote con sus amapolas blancas. Pero el chicalote pronto se marchita. Entonces uno lo oye rasguñando el aire con sus ramas espinosas, haciendo un ruido como el de un cuchillo sobre una piedra de afilar.


Fragmento de Luvina
perteneciente al libro El llano en llamas de Juan Rulfo

El escritor aventurero

El escritor aventurero

La corta, pero extremadamente intensa vida de Jack London terminó bruscamente el 22 de noviembre de 1916.
Nos legó su experiencia, su visión de los grandes espacios abiertos, en novelas como Colmillo blanco o El lobo de mar, y en cuentos como los recogidos en El hijo del lobo.

Ah Cho no entendía el francés. Sentado en la sala abarrotada de gente, cansado y aburrido, escuchaba aquella lengua incesante y explosiva que articulaban un oficial tras otro. Un inagotable parloteo y nada más era a oídos de Ah Cho, quien se maravillaba ante la estupidez de aquellos franceses que tanto tiempo empleaban en investigar quién era el asesino de Chung Ga y ni aun así podían descubrirlo. Los quinientos coolies de la plantación sabían que Ah San era el autor del crimen, y los franceses ni siquiera le habían detenido. Cierto que todos los coolies habían pactado secretamente no prestar testimonio los unos contra los otros, pero el caso era tan sencillo que no entendían cómo los franceses no habían descubierto que Ah San era el hombre que buscaban. Muy estúpidos tenían que ser. (continúa)

Del cuento El Chinago
Más textos de Jack London

Voltaire

Voltaire

En tiempos del rey Moabdar había en Babilonia un mozo llamado Zadig, nacido con excelentes disposiciones robustecidas por la educación. A pesar de ser rico y joven, sabía moderar sus pasiones; no era jactancioso, no quería tener siempre razón y sabía respetar la debilidad de los hombres. Asombraba ver que teniendo mucho ingenio no injuriaba jamás con chanzas en esas charlas tan dispersas, tan incoherentes, tan tumultuosas, en esa maledicencia temeraria, en esas decisiones ignorantes, en esas groseras bufonadas, en ese vano ruido de palabras que en Babilonia recibía el nombre de conversación. En el primer libro de Zoroastro había aprendido que el amor propio es un globo hinchado de viento del que salen tempestades cuando se pincha. Zadig, sobre todo, no se jactaba de despreciar a las mujeres y de subyugarlas. Era generoso; no temía hacer favores a ingratos, siguiendo ese gran precepto de Zoroastro: Cuando comas, da de comer a los perros, aunque tengan que morderte.

Zadig o el destino
de François Marie Arouet, a quien la historia recuerda como Voltaire, que nació en París el 21 de noviembre de 1694.

Más cuentos de Voltaire

En la imagen, Voltaire visto por Quentin de La Tour

Rincón literario

Rincón literario

El próximo sábado 22 de noviembre, en el programa radiofónico Rincón literario: tus poemas por las ondas se leerán poemas de Jesus Jimenez Reinaldo (Madrid.España) Mª Angeles Maeso (Madrid.España) y Elier De Hombre Cabrera (Cuba). La lectura correrá a cargo de Edith Checa que contará con el acompañamiento musical del guitarrista y compositor Flores Chaviano
El programa Rincón literario: tus poemas por las ondas se emite en Radio 3 a las 23:00 horas. También puede escucharse, desde cualquier parte del mundo -siempre teniendo en cuenta la diferencia horaria- en la web http://www.uned.es/cemav/radio.htm

Poemas en Rincón literario
Si te vas a marchar
En la noche más pérfida y brumosa
Vergüenza

En busca del tiempo perdido

En busca del tiempo perdido

A menudo, ella tenía apuros de dinero y, apremiada por una deuda, le rogaba que la ayudase. Esto le hacía feliz como todo lo que podía dar a Odette una gran idea del amor que sentía por ella, o simplemente una gran idea de su influencia, de lo útil que podía serle. Sin duda, si le hubieran dicho al principio: "Es tu posición lo que la gusta", y ahora: "Te ama por tu fortuna", él no lo habría creído y no le hubiera disgustado mucho que se la figurasen apegada a él -que les sintiese unidos ambos- por algo tan fuerte como el esnobismo o el dinero. Pero aunque hubiera pensado que era cierto, quizá no habría sufrido al descubrir en el amor de Odette por él ese estado más duradero que el atractivo o las cualidades que podía ella encontrarle: el interés, el interés que impediría que llegase el día en que ella pudiese sentir la tentación de dejar de verle.

Por el camino de Swann
del escritor francés Marcel Proust ,
que falleció en París el 18 de noviembre de 1922.

Cuentos por encargo

Cuentos por encargo

El ayuntamiento de Logroño ha editado el libro Cuentos por encargo con relatos de Ángel González Romero, Carlos Cabezón García, Carmen Beltrán Falces, Diego Marín A., Enrique Cabezón García, Íñigo San Sebastián Barja, José Luis Pérez Pastor, Luis Rodríguez Lucas, Manuel Prendes Guardiola, Odón Serón Zabala , Santiago Esparza Celorrio y Sonia San Román Olmos. La versión digital , en formato PDF, puede descargarse aquí .

Dice el prólogo:
La diferencia que existe entre ser rico y ser avaro es que el rico disfruta gastando el dinero y el avaro disfruta contándolo. La diferencia que existe entre un lector y un escritor es que el lector disfruta leyendo un cuento y el escritor disfruta contándolo. Así que según esta metáfora los lectores son ricos y los escritores unos malditos avaros...
Pero eso sólo se rompe si el escritor ha sido obligado a escribir, que es como si se obligara a un avaro a contar dinero. Eso es lo que hemos hecho: obligar a los doce escritores a contar unos cuentos, y si no fuera por ese encargo forzoso estos relatos no estarían delante de vuestros ojos. Pero –a estas alturas del cuento– nadie se cree que haya sido un ominoso sacrificio, porque la cabra siempre tira para la legión y el escritor siempre tira para el cuento.


-------------------------------
Hoy cumple 61 años Martin Scorsese , uno de los directores de cine más reputados de los últimos años.
Larga es la nómina de buenas películas en su haber, títulos que no se olvidan con facilidad, como Taxi Driver, Toro salvaje, El color del dinero, El cabo del miedo o la polémica La última tentación de Cristo.
En Jo, que noche combina escenas y diálogos de Kafka y Gustav Meyrink, experimento que no resulta tan atractivo como cabría esperar.