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01/05/2008
 Deambulo en la casa vacía, la que no me espera, como una pesadilla interminable, me hago a su aire de respiraciones entrecortadas, a su espesa niebla acariciándome. Alguien me casó con ella, me puso un anillo oscuro con la cara hacia la muerte. Poema de Beatriz Alicia García, incluido en el libro Lugares olvidados, antología poética de la autora, editado por Monte Ávila.
11/03/2008
Ahora sé que el diario me llamó aquella tarde. Las primeras páginas me desalentaron al ver, como ya he comentado, que estaban en inglés, pero pronto vi los dibujos. Diseñados en esquema al carboncillo y luego coloreados con minuciosidad, representaban símbolos, un paisaje con árboles, un pequeño estanque —que se repetía desde distintas perspectivas— y decenas de pequeños retratos, algunos inacabados, de una bellísima mujer de largos y dorados cabellos, algunas veces sujetos a su cabeza por una fina cinta o diadema. Las anotaciones en algunos de los dibujos no dejaban lugar a la duda: aquel inglés había recogido con extraordinaria precisión y detalle el mito de una xana. El descubrimiento hizo que el corazón se me acelerara y apareciera un nudo en la boca de mi estómago. Poco antes de que D.ª Elisa entrara de nuevo en la biblioteca, impertérrita detrás de sus ojos azules, y me dijera que debía de marcharme, había contado ya cinco extraños símbolos completamente desconocidos y cinco letanías o conjuros escritos en gaélico; Wallcott había escarbado hasta lo más profundo del mito y durante decenas de años sus descubrimientos me habían estado esperando.Fragmento del relato Hilo de oro, perteneciente al libro Nunca llueve sobre el Sáhara, de Pedro M. Martínez, director de la revista digital Almiar. La presentación del libro tendrá lugar mañana, 12 de marzo, a las 20,00 h. en la Champanería María Pandora.
20/09/2007
 ¿Qué arcángeles rompieron sin clarines el tiempo de las crías enlunadas? ¿Qué arena concluyendo, qué clepsidras detuvieron su libertad magnánima y arrojaron al hueco de la noche las convexas fatigas del destino a encender agonías en las playas? ¿Qué jinetes de sombra, apocalípticos, cercenaron los sellos primordiales con los bordes sangrantes de sus dagas? ¿Por qué razón encallan los crepúsculos, en los eclipses de ojos desdichados, así como las quillas del olvido contra arrecifes de memorias largas? Sólo la sal quebrada en las rompientes conoce de los místicos rituales, sólo la soledad de las espumas saben del holocausto, el fuego, el ara.
Rituales en la arena texto de Norma Segades-Manias , que acaba de publicar en formato blog estos tres libros:
Historias para Tiago Bitácora del viento A solas con la sombra
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19/09/2007
Sólo un trozo de papel plegado. Lo trajo por la mañana un vendedor de baratijas. "En la iglesia de los Santos Apóstoles, esta tarde." Nada más. A mediodía anuncié a mi criado que iba al puerto y le mandé limpiar la bodega. Antes de salir cerré la puerta trampa para que no pudiese seguirme. Hoy no quería espías. La iglesia de los Santos Apóstoles se alza en la colina más alta del centro de la ciudad. Su elección como lugar de la cita era todo un acierto, pues sólo había allí unas pocas mujeres enlutadas, sumidas en sus oraciones ante las barandillas de los sagrados iconos. Mi atavío no llamó la atención, pues a menudo visitan la iglesia marinos latinos para ver las reliquias y las tumbas de los emperadores. Justo a la derecha de la puerta, y rodeado por una simple barandilla de madera, se halla un fragmento de la columna a la cual ataron a nuestro Salvador cuando fue flagelado por la soldadesca romana. Transcurrieron dos horas interminables, pero nadie pareció reparar en mi presencia. En Constantinopla el tiempo ha perdido su significado. Las mujeres entregadas a sus plegarias se habían despegado del mundo para sumirse en el éxtasis. Cuando se incorporaron, sus rostros tenían la expresión de quien acaba de despertar de un sueño, para adquirir luego la inefable melancolía de todo cuanto vive en esta moribunda ciudad. Se cubrieron con sus velos y salieron con la mirada baja. En contraste con el frío exterior, el calor del templo resultaba muy agradable. Por debajo de las losas de mármol había canales por los que corría aire caliente, según el antiguo sistema romano. La escarcha que cubría mi alma acabó por fundirse.Fragmento de la novela El ángel sombrío , de Mika Waltari , nacido en Helsinki el 19 de septiembre de 1908. El 19 de septiembre de 1911 nacía William Golding El 19 de septiembre de 1985 fallecía Italo Calvino
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